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March 27 2018

32 años y virgen: La historia de una chica 'plus' (Parte 1/3)

¿Sabes esa canción de los Fabulosos que dice “no quiero morir sin antes haber amado, pero tampoco quiero morir de amor”? Bueno, pues ese era uno de mis más grandes miedos: morir sin haber sido besada, sin haber estado con alguien íntimamente. 32 años y mis labios solo habían besado las mejillas, frentes y cabezas de mis amigos y familiares. Deprimente, ¿no? Bastante.

Sí, 32 años y virgen. Muchos me preguntaban por qué todavía era virgen. “¿Eres bien religiosa?” Eh, no. “¿Quieres esperar al matrimonio?” Nope. “¿No le tienes ganas?” Le tengo muchas ganas, solo pregúntale a ‘Manuela’. "¿Entonces...?" Pues no sé qué decirte; en verdad sí, pero me toma tiempo llegar a una respuesta aceptable, tanto para el que pregunta como para la que tiene que dar la respuesta.

Primera respuesta a las interrogantes sobre mi virginidad: estoy en sobrepeso. No me gusta generalizar, pero a mucha gente de nuestra generación no le gustan las gorditas. Simplemente, no somos atractivas. Bueno, yo no creo eso. ¿Has visto mi cara? Adorable, ¿no? Solo te estoy diciendo lo que he percibido y escuchado muchas veces en mi vida. Y, para mí, esta es la razón primordial por la cual, a los treinta y dos años, nadie me había querido conocer bíblicamente. ¿Tal vez piensan que los vamos a aplastar? No sé…hay mucha gente ignorante por ahí. ¿Tal vez lo tienen bien pequeño y piensan que no vamos a sentir nada? Quizás. No creo. ¿Sí? O, ¿tal vez no pueden bregar con tanta sabrosura? Esta es la hipótesis que más me gusta, pero a la misma vez, me da pena que no se den la oportunidad de probar tanta sabrosura. Propongo que hagamos un censo y resolvamos esto de una vez y por todas.

Segunda respuesta: he estado tanto tiempo sola que me gustaría estar con alguien, tú sabes, en una relación. No quiero alguien que entre, salga y pa' fuera. Sí, esta es la respuesta más difícil de vociferar. Es bien difícil dar esta respuesta sin que la gente rápido malinterprete lo que quiero decir. Vamos, treinta y dos años y nunca he tenido novio. !Eso está cabrón! (perdona el lenguaje). Pues claro que quiero una relación y quiero que alguien genuinamente quiera estar conmigo. Yo soy una persona bien cool: inteligente, graciosa, cariñosa, educada, etc. Y, entonces, ¿por qué nadie ha querido estar conmigo? (Ver primera respuesta.)

Soy muy consciente de que esta respuesta es bien romántica. Pero tengo el derecho de ser romántica de vez en cuando. ¿Tu tuviste una novia/un novio en high school? Qué bueno; yo no. ¿En la universidad? Fantástico; yo no. ¿Estás leyendo esto al lado de tu pareja? Awww, que lindo. Pues yo escribí esto bien sola. ¿Vas entendiendo un poco? Espero que sí, porque no quiero seguir preguntándote sobre tu vida amorosa.

Entonces, volviendo a la virginidad, pues tal vez no quiero perderla con un extraño. Tal vez quiero que sea alguien que pueda ver todas las cualidades descritas anteriormente y muchas otras más. Sé que esta respuesta hace que pase más tiempo y siga virgen; porque el “príncipe azul” no existe ni mandándolo a pedir por internet.

Tercera respuesta: soy tímida. Si mis amigos y familiares leen esto van a decir: “Ella no es tímida”. Bueno, con la gente que conozco, y quiero, no soy tímida; pero si no te conozco, me toma tiempo ser quien yo soy ante gente nueva. Entonces, tal vez esta timidez no me deja conocer al chico de la segunda respuesta o, ahora mismo, a cualquier chico que quisiera despojarme de mi virginidad.

Al final, no importan las tres respuestas antes mencionadas, la realidad sigue siendo la misma: 32 y virgen.

Bueno, la verdad es que, ahora, la realidad es otra. Resulta que apareció un chico que sobrepasó dos de las tres respuestas: el sobrepeso y la timidez.

Seis meses después de cumplir 32 años, conocí a este chico puertorriqueño por el fabuloso app de Tinder. Si no sabes lo que es, pregunta por ahí. Este app cambió mi vida. Este chico (para evitar demandas, vamos a llamarlo Sebastián) conectó conmigo y mostró cierto interés. ¿Qué? ¿Esto está pasando? Sí. Un chico (más joven que yo) me encontraba atractiva. Y, como sus mensajes indicaban, quería acostarse conmigo. Cada vez que recibía uno de sus mensajes, tenía una mezcla de sentimientos: una emoción extrema y un miedo increíble. Al principio él me escribía y quería encontrarse conmigo y “conocerme” y yo le daba cualquier excusa (estaba bien asustada, okay). Luego, sus textos eran bien directos. Sebastián quería aquello que nunca le había dado a otro chico (él no sabía este detalle). Yo lo seguía “ignorando” hasta que un día pensé “treinta y dos años y virgen; treinta y dos años y virgen; treinta y dos años y virgen...”

Entonces, el 25 de diciembre de 2014, después de salir de casa de mis padres, de camino a mi apartamento, le escribí a Sebastián y le pregunté si quería hacer algo (esto después de preguntarle si era un asesino en serie - uno nunca sabe). Sebastián respondió que sí, que llegaría a mi apartamento y que llevaría una botella de vino. De más está decir que estaba bien nerviosa. Aunque, para serte bien sincera, por mi mente no pasó nada de lo que ocurrió después.

Sebastián llegó a mi apartamento. Todo cool. Se sentó en mi sofá, admiró la decoración de mi sala y cogió mi guitarra y la afinó. Luego de tocar algunas canciones, me hizo poner un poco de Silvio y empezamos a hablar. La conversación fluyó bastante bien, hasta que Sebastián me hizo la siguiente pregunta: “¿Cuándo fue tu última relación?” Ea rayos, que se supone que conteste.

Bueno, tenía dos opciones: le decía la verdad o le decía cualquier otra cosa. Decidí por la verdad. “Yo nunca he tenido novio”. Sebastián se quedó tranquilo. Esto no le pareció extraño. Punto para Sebastián.

Próxima pregunta: “¿Cuándo fue la última vez que te besaron?” De nuevo escogí decir la verdad, pero decidí no usar mis palabras, sino mis ojos y, pues, ¿tal vez la mueca que contestó la pregunta por sí sola? Esta fue demasiado para Sebastián. El estaba en shock. Se rehusaba a pensar que yo no hubiese besado a nadie. Le dije: “¿Por qué voy a mentirte?” Entonces él me dice: “Te voy a besar ahora”. Y lo hizo. Sebastián es un hombre de palabra. Fue muy bueno. Cuando nos separamos me dijo mentirosa. Aparentemente, beso muy bien. Punto para mí.

Luego, Sebastián siguió con sus preguntas: “O sea, ¿nadie te ha visto desnuda?” Respuesta: “No, Sebastián. Soy 100% virgen.” Se echó a reír, pero no en tono burlón, sino más bien por el hecho increíble de que tenía 32 años y era virgen. Entonces, Sebastián dejó sus preguntas.

Seguimos hablando hasta que me dijo que se tenía que ir. Yo no quería que se fuera. “Antes de irme, nos tenemos que besar, pero esta vez tienes que empezar tú y cierra la puerta”, me dijo.

Procedí a cerrar la puerta, apagué la luz y me volví a sentar a su lado, pero esta vez más pegadita. Nos besamos. Fue glorioso. Eso de besar está cabrón. Me besaba, me acariciaba el pelo, los brazos, hasta que llegó a mis muslos y empezó a tocarme debajo de mi traje. En este momento (sí, en este momento, no antes) sabía que iba a recibir uno de los mejores regalos de Navidad: Sebastián me iba a despojar de mi virginidad.

No voy a entrar en detalles porque fue muy especial para plasmarlo en papel. Además, este no es ese tipo de escrito. Temo que mis palabras no le harán justicia al trabajo de Sebastián. Él fue muy bueno. Muy cariñoso y atento a mis necesidades y al hecho de que era la primera vez que estaba físicamente con alguien. Sé que mucha gente no tiene buenas historias de su primera vez. Por fortuna, ese no es mi caso. Mi primera vez fue genial. Fue todo un caballero y me trató muy bien.

Sebastián y yo nos vimos unas cuantas veces, hasta que, aparentemente perdió el interés. Desde esa primera vez, él me había dicho que no estaba buscando nada en serio, que se quería enfocar en su carrera. Respeto eso. Sin embargo, Sebastián había abierto una caja de Pandora y yo quería más. El dejó de contestar mis mensajes, así que yo empecé a conectar con otros chicos.

Sebastián siempre tendrá un lugar en mi vida y mi corazón. Hey, al fin y al cabo, fue el chico que me robó mi virtud.

Esta historia continuará...

 

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2 comments

  • Lizy: September 14, 2018

    Me he leído esta historia y me la he gozado como si fuera mía. Aunque no es igual a la mía, tiene una similitud, Tinder! Dios bendiga el creador de tal herramienta!!

  • Erika: July 25, 2018

    Me siento tan identificada.

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