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Mi maternidad deseada

capela love

Escrito por: Carmen Arroyo

La maternidad es una experiencia biológica, psicológica y social. Es compleja, intensa y comprometida, por lo que es importante reflexionar y permitirnos tener diferentes visiones para la toma de decisiones sobre el proceso.  

No siempre llega cuando lo planificamos y tomar una decisión sobre abortar el proceso debe ser un ejercicio ajeno a presiones de los otros.  Continuarlo como terminarlo es una decisión individual y liberadora. Somos nosotras, las personas gestantes,  las que decidimos cómo enfrentarnos a ese estado terriblemente demandante, con tantos misterios de que algo altere lo esperado y tanta responsabilidad a tan largo plazo para amarlos, cuidarlos, proveerles para su bienestar, seguridad y consciencia de lo bueno, justo y necesario.  

Tenemos poco tiempo, poquísimo tiempo, para decidir un camino que cambiará para siempre nuestra visión de nosotras mismas y la visión que tenemos de la vida.  Esa criatura que depende de nuestras entrañas para existir, cambiará nuestro rumbo.  ¡No es nada fácil!

Nos llenamos de ilusiones, de miedos, de dudas, de pensamientos repentinos, de posibilidades inmensamente benévolas o inmensamente catastróficas; las hormonas, nuestra personalidad, la gente. Los días, las situaciones alteran muchas veces nuestras emociones de una y mil maneras.  No sabemos si podremos proteger ese latido ajeno que sentimos con asombro y tantas voces que sentencian nuestras decisiones.  

¿Podremos proveer lo necesario, se sentirá amado, podrá desarrollarse en ese hogar necesario para que sea una persona de bien? ¡Es bien intenso y difícil el proceso de reflexión frecuente e invasivo! Nos sentimos inseguras, vulnerables, incapaces de dar todo lo que exige ese ser misterioso, dependiente y demandante que nos cambiará la vida para siempre.

Por algún misterio del amor y de la vida, sentirlo nos va dando confianza, energías nuevas de ilusiones y nos sentimos valientes y queremos que llegue.

Duele, duele fuerte y largo, yo pensé que no podía soportarlo, pero quería verle y quería tenerle en mis brazos y sí, sí pude tolerarlo. Para mí es la criatura más tierna y hermosa que jamás he visto. Es la criatura que más amo que me mire directamente, sin parpadear y sin pedir permiso.

Entonces ahí es que una se da cuenta que esa decisión estuvo bien y te despiertas con un sentido de amor tan increíble que no quieres soltarle, y sabes que nadie puede cuidarle como tú. 

Te mira embelesado, como si fueras lo más bello que tiene ante sus ojos ¡y esa mirada se incrusta en el alma y eres feliz! Eres inmensamente feliz anticipando el próximo abrazo, la sonrisa, la manita que ahora te agarra y no te suelta, la nueva etapa de desarrollo, los nuevos proyectos y tu irrepetible personalidad.  Y sí, también se viven sueños que nunca se dieron y situaciones críticas y catastróficas, pero pasaron y aprendimos muchas cosas de la vida.  ¡Y mi decisión de ser madre fue buena! ¡Pero fue mi decisión y solo mía! ¡Fue deseada!

Y me llama “mami”, “maa”, y a mi me suena dulce y se me arregla el mundo para siempre y pienso que soy mamá de un ser maravilloso.

La maternidad no es ni debe ser una imposición social. Es una decisión que toma la madre consciente de que le cambiará la vida para siempre. Es una decisión única, individual y personal. Y, como madre de una mujer de bien que va rumbo a sus cuatro décadas, le permito y la apoyo a vivir y a tomar decisiones de su cuerpo a su manera. 

Mi experiencia como madre ha sido cruel, agotadora, estresante, necesaria y ridículamente hermosa. Muy mia. Pero no porque yo decidí ser madre y tomé la decisión correcta para mí y mis circunstancias, decido por las que no lo desean. 

Mi cuerpo, mi decisión. Tu cuerpo, tu decisión. 

Por una maternidad deseada. 

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